jueves, 4 de enero de 2024

Cacería de historias: Kim Ji-young, nacida en 1982

¡La primera reseña del año! Y en esta ocasión se trata de una novela muy especial por todo lo que ha significado. Publicada en Corea del Sur en el año 2016, es descrita por los medios como un “terremoto que ha sacudido a las mujeres de medio mundo”, con un récord de más de un millón de copias vendidas en su país, más de ochenta mil ejemplares vendidos en Japón, publicada en más de 20 naciones, fue la novela más solicitada en las bibliotecas coreanas en el año 2019, con una adaptación cinematográfica que superó el millón de espectadores en solo cinco días y referente del movimiento feminista de Corea del Sur. Ella es Kim Ji-young, tiene 33 años y el nombre más común de Corea. Sin saberlo, su historia ha tocado fibras sensibles en todo el mundo.

 

Kim Ji-young, nacida en 1982 es una novela breve y poderosa nacida de la pluma de Cho Nam-joo, autora coreana nacida en 1978. Licenciada en sociología, trabajó como guionista de televisión durante diez años. Antes de la novela que nos ocupa hoy, escribió otras dos obras: Cuando escuchas con atención en 2011 y Para Comaneci en 2016. Aunque ambas fueron bien recibidas por la crítica, no fue hasta la publicación de Kim Jo-young que alcanzó un éxito internacional.

 

La autora Cho Nam-joo

¿Y que hace tan especial a esta novela? Solo para empezar, tenemos una historia enfocada en una mujer como podría ser cualquier otra. Por eso, no es coincidencia que su autora eligiera darle el nombre más común en Corea. Esto se hizo, podemos asumir, con la intención de que cualquier persona que leyera su novela pudiese identificarse con la protagonista, o bien, identificarle con alguna conocida. De igual manera debemos destacar que en esta ocasión nos alejamos de esa esfera deslumbrante que es la industria del K-Pop y los K-dramas, tan populares en estos últimos años.


Es justo en esta diferencia donde se encuentra su encanto. En medio de los cientos de videos musicales de todas esas bandas de K-Pop y esos dramas románticos que encontramos en Netflix, tenemos una joya literaria que nos demuestra una cara que la nación asiática no suele mostrar al mundo. Tal vez, la mejor manera de referirnos a Kim Ji-young, nacida en 1982 es como una novela documental y testimonial, pues aun cuando se trata de una obra de ficción, a lo largo de sus paginas notaremos que muchas de sus declaraciones están apoyadas por datos oficiales recabados por organismos gubernamentales y artículos académicos o periodísticos, además, que las propias experiencias de su autora están reflejadas en sus páginas. Y dicho esto… ¿de qué se trata esta novela?

 

Su nombre es Kim Ji-young

A grandes rasgos podemos decir que esta novela se dedica solo a retratar la vida de una mujer coreana común. Aquí no existen elementos fantásticos ni sobrenaturales, tampoco encuentros con empresarios millonarios o herederos a grandes fortunas que solucionen todos los problemas de la protagonista. Ni se diga la industria del K-pop. Lo que encontraremos en estas páginas es la vida de Kim Ji-young, desde su nacimiento en 1982 hasta el año 2016, por lo que le acompañamos a lo largo de toda su vida.

 

Los capítulos entonces pasan a ser ciertos periodos en la vida de nuestra protagonista, todos acomodados en orden cronológico con excepción del primero. Y es que nuestra historia no inicia en 1982, sino en el otoño del 2015. Lo primero que encontramos es la presentación de nuestra protagonista, dándonos su nombre y su edad, que comparte su apartamento con su esposo y su hija. Entonces se nos ofrece el primer dato tomado de la vida real: Kim Ji-young tuvo que dejar su empleo una vez que dio a luz, por lo que su marido es el único que mantiene a la familia y por esto debe hacer horas extras. Tan solo con este dato, ya nos podemos dar una idea de cual es la finalidad de la novela. Resulta que en Corea del Sur, la mayoría de las mujeres trabajadoras tienen que renunciar a sus cargos una vez que se vuelven madres.

 

Los problemas comienzan el 8 de septiembre, cuando Kim Ji-young abre una ventana en casa y comienza a hablar como su madre. Tras aconsejar a su esposo, Jeong Dae-hyeon, de cubrirse bien durante las noches, este piensa que se trata de una broma y no le presta mayor importancia. Las sospechas de que algo anda mal con Ji-young llegan poco después, cuando ella misma se hizo llamar Cha Seung-yeon, una amiga que ambos tenían en común y cuyo fallecimiento fue hacía un año. A medida que pasan los días, el comportamiento de Kim Ji-young sigue esa pauta: habla como si fuera otra mujer, manda mensajes que no son propios de ella y prepara comida que ni siquiera le gustaba.

 

El punto critico viene durante la celebración del Chuseok, festividad coreana relacionada con el fin de la cosecha y se realiza para agradecer por la producción abundante del año. Como es habitual en las naciones de lejano oriente, estas festividades importantes se celebran con la familia paterna, así que Kim Ji-young viaja desde Seúl hasta Busan a pasar la fiesta con los padres de su marido. Dichos festejos, al menos para ella, se centran en preparar todas las comidas junto a su suegra. Al tercer día de su estancia, en pleno Chuseok, mientras su suegra y su cuñada hablan sobre el exceso de trabajo que significan los preparativos para la fiesta, nuestra protagonista sufre uno de sus cambios de personalidad, haciéndose pasar por su madre y encara a sus suegros. Esto molesta a los padres de Jeong Dae-hyeon, a lo que él solo dice que su esposa no está bien y enseguida se marchan de regreso a Seúl. Y es después de esto que comenzamos el recorrido por la vida de Kim Ji-young.

 

Una mujer, muchas voces

Los síntomas presentados por Ji-young, es decir, sus repentinos cambios de personalidad, no se usan para explicar un padecimiento psiquiátrico. Es un elemento dentro de la narración con la intención de dar voz a más de una mujer y decirnos que las experiencias vividas por nuestra protagonista no son solo suyas, sino que una infinidad de mujeres ha pasado por esas situaciones o unas muy parecidas. Es también por esto, tal como dijimos antes, que Nam-joo eligió el nombre más común en Corea para su protagonista. La idea es que Kim Ji-young sea la portavoz de todas las mujeres, que su vida sea un testimonio de la condición que enfrentan las coreanas ante un país que da la preferencia a los hombres.

 

En el segundo apartado, que narra la vida de Ji-young desde su nacimiento hasta 1994, nos encontramos muy pronto con un testimonio de este trato desigual. En este caso, es la abuela de nuestra protagonista quien propicia estos comportamientos. Madre de cuatro varones, la abuela de Ji-young siempre fomentó el trato preferencial hacia los hombres y no paraba de hablar sobre la importancia de tener un hijo. Esta palabras resonaban en la cabeza de los padres de nuestra protagonista hasta que lograron concebir a un niño. Entonces, la abuela se encargaba de que los hombres de la casa comieran primero o que estos recibieran ropa nueva, dejando a sus dos nietas con las sobras.

 

Estos tratos no son exclusivos de la familia Kim. En la escuela, cuando se implementa un programa de desayunos, eran los niños quienes comían primero y por ende disfrutaban más de su recreo. Las niñas, en cambio, debían esperar su turno haciendo fila ante la cafetería. Ni que decir de la madre de Ji-young, que tuvo la necesidad de trabajar a temprana edad para mantener las vidas académicas de sus hermanos a pesar de tener un mejor desempeño que ellos. Estas son solo algunas vivencias que conocemos durante los primeros años de vida de nuestra protagonista.


Y es que a lo largo de su vida, Ji-young tendrá que enfrentarse a todo un sistema que limita sus opciones de vida, que busca trazarle un camino y, como no podía faltar, siempre está en su contra. En el instituto, por ejemplo, debe soportar el acoso de un compañero al cual ni siquiera reconoce o, una vez concluidos sus estudios universitarios, se enfrenta al enorme desafío que es conseguir trabajo. Incluso el planificar a su propia familia se vuelve un fastidio al que terminan cediendo ella y su esposo ante las constantes presiones familiares.


Aun viviendo en un mundo que está en su contra, encuentra a personas que la comprenden y apoyan. Por ejemplo, su esposo siempre se muestra atento y preocupado por su bienestar, aunque por momentos el también sigue las directrices dictadas por el sistema que le ha criado, las palabras y cuestionamientos de Ji-young le hacen cambiar sus actitudes. Pero sobre todo debemos destacar a otras mujeres fuertes que se presentan en la novela: la madre de nuestra protagonista, sumamente lista, es quien evita la bancarrota de la familia y tiene las mejores ideas para emprender negocios; su hermana, que en más de una ocasión cuestiona la situación de la mujer coreana; o la jefa que tuvo en su trabajo de relaciones públicas, quien se enfrentó a todo un sistema empresarial que solo ponía trabas a las mujeres que buscaban hacerse un lugar.


Sin embargo, al final Kim Ji-young no deja de ser una mujer más que sufre vivir en un entorno que siempre la deja de lado, que limita sus opciones y le niega el crecimiento. Porque eso es Corea del Sur, una nación que ha crecido desde hace unos 40 años hasta ocupar el puesto numero 12 de las economías más fuertes del mundo, pero afectando a su población durante el proceso, donde las victimas que se llevan la peor parte son las mujeres. Los malos tratos se dan en todas partes: en casa con la familia, en la escuela, en la calle o en el trabajo. La voz de Kim Jo-young, que nos cuenta sus vivencias y las condiciones del mundo que la rodea se convierten en el testimonio de una de tantas mujeres que sufren discriminaciones y acosos no solo en Corea, sino en el mundo. Aunque al final, hasta su propia historia le es arrebatada con un desenlace indignante, como lo es esta novela.

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