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domingo, 16 de junio de 2024

Cacería de historias: Cuatro estaciones en Japón

El año pasado mi libro favorito fue El gato y la ciudad, novela de Nick Bradley escrita a modo de relatos que muestra diferentes aspectos de la vida en Tokio y de la cual ya hemos hablado antes. Si aun no conoces dicha obra, puedes leer la reseña que se encuentra en este blog, o mejor aún, leer la novela ya que es una propuesta muy interesante y entretenida. Este año, fue publicada en español la segunda novela de este autor con el título Cuatro estaciones en Japón y como no podía ser de otra manera, Bradley vuelve a ofrecernos una experiencia muy especial.

 

De Nick Bradley no hay mucho que agregar, salvo que ya no tengo clara su nacionalidad. Es un autor que nació en Alemania pero creció y actualmente vive en Inglaterra. Pasó varios años viviendo en Japón donde trabajó como profesor, fotógrafo y traductor, experiencias que sin duda han servido para la realización de sus dos novelas. También tiene una maestría y un doctorado en escritura creativa, obteniendo este último grado con un estudio sobre la figura del gato en la literatura japonesa. Conociendo este detalle, no es de extrañar que los gatos sean importantes en sus novelas.

 


El primer detalle que salta a la vista es que tiene continuidad con la primera novela sin tratarse de una secuela, o al menos no en su totalidad. Cuatro estaciones en Japón tiene como a una de sus protagonistas a Flo Dunthorpe, la traductora que aparece en El gato y la ciudad. Del libro anterior le acompañan como personajes recurrentes Kyoko y Makoto, que siguen como pareja y se han vuelto buenos amigos de Flo. El segundo detalle que tiene esta obra es que se trata de una novela dentro de otra novela: en principio está la historia de Flo, pero las cosas cambian cuando en el tren de regreso a casa se encuentra con una novela, misma que leeremos junto a la traductora.

 

El año de Flo

 

La novela comienza con Flo en un izakaya de Shinjuku con sus amigos Kyoko y Makoto. Por si no lo saben, un izakaya es un restaurante-bar japones tradicional. La pareja comienza a hablar con Flo porque la han notado desanimada en días recientes, a lo que ella comenta que no se trata de nada importante aunque en verdad está pasando por un momento difícil del cual no puede hablarles con libertad, por lo que termina comentando solo una de sus frustraciones. Tras publicar la traducción de los cuentos de Nishi Furuni, la misma en la que trabajaba en el libro anterior, no ha encontrado un proyecto que le apasione por más propuestas que tenga. Makoto dice entenderla y desde su perspectiva nota que Flo ha cumplido con su más grande como traductora, por eso ahora no tiene otro sueño que cumplir.

 

Las palabras de Makoto no están del todo equivocadas, pero hay otros asuntos que la tienen frustrada. En primera, se encuentra una reseña negativa que criticaba tanto la obra del autor que tanto le gustaba como su trabajo de traducción en el cual puso tanto empeño y aun sabiendo que eso podía pasar, no puede evitar que le afecte. El segundo problema lo tiene con Yuki, su novia de hace un par de años con quien pasa un momento difícil porque a ella se le ha ofrecido un trabajo en Nueva York, algo que a Flo no le emociona. Pero esto es algo que no puede compartir, pues no le ha contado a sus amigos que a ella le atraen las mujeres.

 

Mientras Flo pasa por todos esto problemas en soledad, ya que le cuesta compartir sus preocupaciones y sentimientos, encuentra en el tren un libro abandonado llamado “El ruido del agua” escrito por un tal Hibiki. Por curiosidad comienza a leerlo y su gusto por el libro es tal que se decide a traducirlo mientras lidia con su propia frustración, su ruptura y una constante sensación de que tal vez no debería seguir en Tokio.

 


El ruido del agua

 

La novela empieza con Tabata Ayako y en su primera oración se nos dice que es una mujer a la cual no le gusta alterar su rutina diaria. Lleva una vida tranquila en la ciudad de Onomichi donde es dueña de una cafetería llamada Campamento Base. Entre los locales es conocida por su carácter estricto y feroz, pero también por ser amable y ayudar a cuanta persona lo necesite. Tras esta introducción, nos enteramos que ella se encuentra nerviosa porque pronto tendrá un nuevo inquilino en casa, pero al ser una mujer tan implacable, no se permite demostrar sus inseguridades ante nadie. Junto a ella conocemos a otros personajes que serán recurrentes en la trama: Sato, cliente regular de la cafetería y dueño de una tienda de discos, y el joven matrimonio de Jun y Emi quienes trabajan en la remodelación de una casa para volverla un hostal.

 

Por la tarde, Ayako cierra su cafetería para realizar su rutinaria caminata que le lleva al Templo de las Mil Luces, en la cima de una montaña, para después bajar al conocido callejón de los gatos. Ahí alimenta gustosa a los mínimos con atún y cangrejo, además conocemos al personaje felino de esta obra: un gato negro con un solo ojo llamado Coltrane. Por supuesto, no podía faltar un gato en una novela de Bradley y como nos podemos imaginar, será importante en la trama más adelante.

 

En la estación de trenes de Tokio conocemos a nuestro otro protagonista, un joven de 19 años llamado Kyo, el nieto de Ayako. Espera junto a su madre la llegada del tren que lo llevara hasta Onomichi, pues él es ese inquilino que vivirá con Ayako. Pero en verdad no quiere dejar Tokio, le gustaría quedarse en la ciudad y continuar su vida cerca de sus amigos. ¿Y a que va a Onomichi? En ese pueblo existe una escuela de repaso a la que fue inscrito y es que Kyo se enfrenta a la difícil situación de haber suspendido los exámenes de ingreso a la facultad de medicina. Entre su madre y abuela llegan al acuerdo de cambiar la rutina del joven con la esperanza de que esto resulte benéfico para él.

 

Mientras esperan el tren, la madre de Kyo recibe un llamado de emergencia. Debe presentarse de inmediato en la clínica donde trabaja, por lo que deja a su hijo solo en la estación. Kyo promete subirse al tren adecuado pero en verdad planea subirse a otro que lo lleve a Osaka, pasar la noche ahí y luego llegar a Onomichi. Ya de camino a Osaka ocurren dos cosas muy importantes: Kyo conoce a Ayumi, una chica amante de la literatura que se vuelve su compañera durante este viaje improvisado y posteriormente será su interés amoroso. A nosotros se nos revela que nuestro protagonista tiene talento como dibujante.

 

El paseo por Osaka iba bien hasta que Ayumi lleva a Kyo a un bar, donde tras beber unas cervezas a nuestro protagonista lo vence su mentalidad derrotista y huye, ahora rumbo a Onomichi. Como era de esperar, la convivencia entre Ayako y Kyo comienza de la peor manera posible y lo primero que el muchacho conoce es el lado más estricto y duro de su abuela.

 

Cuatro estaciones en Japón

 

De esta manera dan inicio ambas novelas, protagonizadas por personajes llenos de dudas, inseguridades y con la creencia de haber perdido el camino. Como ya se dijo antes, la trama de Flo se centra en dos asuntos. Primero está la manera en que lidia con sus problemas personales: tiene la sensación de ya no pertenecer a Japón, pero tampoco siente que deba volver a Estados Unidos; tiene reciente la ruptura con su novia con quien llevaba un par de años y el problema de siempre encerrarse en si misma para no compartir sus sentimientos. El segundo tema con Flo es sobre la misma traducción y la manera en que un comentario negativo le ha hecho dudar de sus capacidades; no solo somos testigos de cómo Flo lidia con sus demonios personales, también la manera en que se enfrenta a una ardua labor de que conlleva elegir las palabras correctas para que una novela se entienda, la presión de su editor y la búsqueda del misterioso Hibiki, autor de “El ruido del agua”.

 

La relación que nuestra protagonista tiene con la novela “El ruido del agua” no se queda en solo el proceso de traducción, que bien es una parte importante de su trama. También podemos ver como el personaje de Ayako llega a influir en la vida de Flo y la manera en que algunas de las lecciones que le da Kyo terminan por hacer eco en la traductora. Cuatro estaciones en Japón es en un caso de metaficción, algo que se da cuando una obra hace referencia a otra obra que se encuentra dentro de la primera. O para ponerlo de otra manera, es una novela dentro de otra novela, con una relación que tanto nos habla de la manera en que se trabaja con una traducción con todas las complicaciones que lleva tal tarea, como la manera en que dicha novela influye en la realidad de Flo.

 

Kyo, en este caso, se vuelve ese personaje con el cual Flo puede identificarse y gracias al cual el contenido de la novela interna hace eco en ella. Si bien el muchacho tiene sus propios problemas, comparte con la protagonista esa necesidad de pertenencia, aunque este es solo uno de sus problemas. De la relación entre Ayako y su nieto se desprenden muchas preocupaciones así como situaciones familiares delicadas. Se exploran, entre algunos temas, la pérdida de un familiar, el abandono de los padres, la rebeldía juvenil y las dudas que surgen ante la elección de una carrera profesional. Y aunque parezca que solo Kyo pueden aprender de sus mayores, la misma Ayako aun con toda su experiencia, descubre que su concepción de la vida puede cambiar y aun no lo sabe todo.

 


Cuatro estaciones en Japón
, aunque sea menos experimental que El gato y la ciudad, no deja de ser toda una experiencia que apela a nuestros sentidos pero, aún más, a nuestras experiencias. Si en la primera novela de Bradley teníamos una colección de relatos que se relacionaban y debíamos encontrar la historia que entre todos estos se construye, aquí estamos ante dos historias bien definidas y lineales que interactúan la una con la otra mientras se exploran situaciones por las cuales hemos pasado o enfrentamos actualmente, lo que permite una identificación con sus personajes y vuelve a esta novela una experiencia que vale la pena darle una oportunidad.

lunes, 4 de diciembre de 2023

Cacería de historias: El gato y la ciudad

Sin lugar a dudas, un país que desde hace unos años ha ganado mucha popularidad es Japón. Ya sea por sus rasgos históricos y culturales como los samuráis, las geishas y los kimonos, su comida cuyos principales representantes son el ramen y el sushi, la tecnología de punta proveniente de dicha nación o sus productos más representativos: el anime, el manga y los videojuegos. Por supuesto, el país del sol naciente es más que waifus, katanas y nintendos. Aunque siempre se hablará de lo bueno y todos esos elementos vistosos que fascinan a las personas, no hay que dejar lo malo de lado. Japón es de igual manera famoso por cosas negativas: desde los casos de discriminación hacia los extranjeros o a los mestizos, las extenuantes jornadas laborales que terminan en suicidios o el aislamiento social por el cual optan los llamados hikikomori. Estos fenómenos, aunque sean conocidos, no siempre son tratados de manera debida, y ese es uno de los puntos fuertes de la novela de la que toca hablar hoy, que si bien no profundiza en todos estos temas, cuando los trata aunque sea desde la sutileza, lo hace con seriedad.

 

El gato y la ciudad, si bien es una obra ambientada en Tokio y busca retratar la vida en esta ciudad tan luminosa, su autor Nick Bradley es británico. Respecto a su producción literaria, no hay mucho de lo que podamos hablar, pues esta es su primera novela. Tiene una segunda obra titulada Four Seasons in Japan, que aún no está publicada en español pero ya tengo pensado conseguirla en cuanto sea posible. Sobre el autor, si atendemos la información que da en su página web, podemos encontrar que Bradley vivió en Japón durante un buen tiempo donde desempeñó diferentes trabajos, tales como traductor, maestro de inglés o fotógrafo, experiencias que sin duda fueron vitales para la realización de esta novela.

 

Nick Bradley durante su estancia en Tokio

Una novela tan compleja como la ciudad.

Ahora vamos a un detalle muy importante antes de adentrarnos a la historia, o mejor dicho, historias. El gato y la ciudad, aunque se trata de una novela, tiene una estructura bastante curiosa: se desarrolla mediante relatos interrelacionados por tres elementos: sus personajes, la ciudad de Tokio y un gato que recorre sus calles. Lo interesante de esto, es que cada uno de los relatos pueden leerse de manera independiente y entenderse por completo, pero es la interacción que llegan a tener los personajes que protagonizan cada relato y sus menciones lo que desarrolla las subtramas.

 

Entonces, ¿existe una trama principal? Pues sí. El gato y la ciudad es a grandes rasgos la historia de los descendientes del escritor Nishi Furuni, popular autor de ciencia ficción. Esta familia hace años que se encuentra fracturada por el alcoholismo de uno de sus miembros y poco a poco, a lo largo de las distintas narraciones, tendrán que reunirse para intentar resolver sus diferencias. Todo esto en el marco de los Juegos Olímpicos de Tokio y con la intervención de un gato de tres colores. Y es este mismo gato el personaje que se vuelve una constante en todos los relatos, aunque su presencia sea más destacada en unos que en otros; en algunos es un personaje que apenas participa, en otros, se trata de un elemento determinante.

 

Hablar más de las relaciones entre cada relato es arruinar la experiencia que es leer esta novela, pero solo por poner unos ejemplos, empezaremos por los personajes del primer relato llamado “Tatuaje”: un tatuador tradicional llamado Kentaro, quien suele atender a miembros de la yakuza, y su joven clienta Naomi. Pues bien, en el segundo relato, “Palabras perdidas” aparece un yakuza en desgracia que fue cliente de Kentaro, mientras que a Naomi la veremos de nuevo en el cuarto relato, “Flores de cerezo” donde el protagonista es un taxista que, además, es uno de los hijos de ya mencionado Nishi Furuni. En el relato “Palabras perdidas” conoceremos a otro de los hijos de Furuni, Ohashi y a otro personaje que será recurrente a lo largo de la novela: el joven Makoto. Y es mejor detenerse aquí, porque como ya dije, aunque sea posible armar un diagrama con todas las relaciones entre relatos, sería arruinar la experiencia que hace a este novela una maravilla.

 

Una ciudad llena de personajes.

 

En literatura se maneja el concepto de polifonía, inventado por el ruso Mijaíl Bajtín. Este término se refiere a la existencia de una diversidad de voces y puntos de vista dentro de una novela. Ya que El gato y la ciudad engloba una serie de relatos con diferentes protagonistas, se cumple con dicha característica. A lo largo de sus páginas, vemos desfilar a una amplia variedad de personajes con sus propias historias, sus problemas personales y su singular manera de ver la vida en una de las ciudades más famosas del mundo. Tenemos desde un tatuador de yakuza hasta a unos vagabundos, una traductora originaria de Oregón aficionada a la literatura japonesa, un hikikomori y un detective impertinente entre muchas otras personas.


Solo por mencionar un par de ejemplos, el joven Makoto es un personaje que vemos crecer en poco tiempo, quien pasa de ser un empleado a medio tiempo en una tienda de conveniencia a trabajar en una gran empresa tras graduarse. En su visión del mundo se nota nostalgia por el pasado, específicamente los años de su infancia en los que jugaba Street Fighter II, pero también reflexiva sobre el ambiente laboral en Tokio y todo lo que engloba más allá del trato en la oficina.

 

Por otro lado, tenemos al británico George, un fotógrafo aficionado quien adora los gatos y la cultura japonesa. Su gusto por Japón le ha llevado a vivir en Tokio, ciudad que adora con todo su ser. En contra a su percepción, tenemos a “Laozi616”, personaje del que no sabemos su nombre real pero conocemos su seudónimo de internet. Él se trata de un obrero nacionalista japones que pasa el tiempo quejándose de todo lo que le rodea y expresar sin tapujos su desprecio a los extranjeros aunque frecuente burdeles donde trabajan mujeres no  japonesas.


Es justo esa característica que nos permite tener una visión amplia sobre lo que es la vida en Japón, ya que así como se tienen a personas amables y atentas con quienes les rodean, como es el caso del joven Makoto o del taxista Taro; por otro lado tenemos la visión de los extranjeros gracias a George y Flo, la traductora originaria de Oregón. O bien, las opiniones de personas más conservadoras como lo es “Laozi616”. Incluso tenemos la visión de un niño, quien comparte tanto su experiencia escolar como la vivencia de cuidar a un gato herido junto a un hikikomori, esto narrado mediante un pequeño manga dentro de la novela.

 

Y las sorpresas no para aquí, pues a pesar del tono realista de la misma novela, también deja un pequeño espacio para lo sobrenatural e introducirnos un poco al folclore japones. Sin darnos cuenta, desde el primer momento que comenzamos con la lectura, ya entramos en contacto con el misticismo sin que este se vuelva un elemento que nos agobie o en el cual se profundice.

 

La región que nunca duerme.

El escritor mexicano Carlos Fuentes publico allá por 1958 su primera novela, La región más trasparente, una obra la cual criticaba los resultados de la Revolución Mexicana y exponía la vida en la Ciudad de México a través de un amplio elenco de personajes, cada uno narrando su propia vida, pero que en algún punto cada una de las historias termina por relacionarse con las demás y añade el giro de que la misma ciudad es un personaje protagonista. Con esto no quiero decir que Nick Bradley leyera a Carlos Fuentes o que se inspirara en su novela, aunque es posible. Sin embargo, El gato y la ciudad tiene su brillo propio, con personajes que conocemos poco a poco y que sin buscar hacer una critica profunda, llega a exponer la vida en una de las ciudades más famosas del mundo. Y de manera similar, el gato de tres colores se vuelve un personaje más que de alguna manera hace que todos los personajes terminen por relacionarse entre ellos, lo que demuestra que es importante para la trama general de la novela.

 

Finalmente, podemos decir que la vida en Japón es el frecuente contraste entre el pasado y el presente, vemos prácticas tradicionales como el tebori (la antigua técnica japonesa para hacer tatuajes solo con alfileres y tinta) o el rakugo (espectáculo que consiste en un monologo humorístico) convergen con los videojuegos y el internet, como la admiración por la nación nipona se enfrenta a la necesidad de alejarse de esta, de como aun en un mundo moderno aun es posible el encuentro con el mundo místico. Y todo lo anterior nos da una novela que expone aspectos de los cuales poco sabemos de Japón y refuerza lo que ya conocemos, todo mientras acompañamos a un gato en su recorrido por las calles de la ciudad. Una de mis novelas favoritas de este año y que es una experiencia que de verdad debes aprovechar si se presenta la oportunidad.

No solo de sufrimiento se desarrolla al personaje

Hace unos meses se volvió muy recurrente un meme respecto al desarrollo de personaje. Básicamente, todos llaman “desarrollo de personaje” al...